El pueblo de Pablo Alborán: así es el municipio que lo vio crecer como persona y como artista
El famoso cantante malagueño hoy tiene un enorme reconocimiento internacional, pero no olvida el lugar en el que dio rienda suelta, por primera vez, a su pasión: la música
El cariñoso intercambio de mensajes públicos entre Pablo Alborán y su novio, Juan Sesma
“Málaga siempre es mi punto de equilibrio, es mi brújula, mi norte, mi sur, el pilar donde recupero toda la ilusión”. Con estas palabras hablaba Pablo Alborán de su lugar de nacimiento. No en vano, uno de sus discos de estudio se llama ‘Terral’, el sofocante viento del interior que a veces sopla en los veranos malagueños. Nacido en la capital de la provincia, Pablo pasó, sin embargo, gran parte de su infancia en Benalmádena; en concreto, en uno de sus distritos administrativos, Arroyo de la Miel. Y, si Málaga ciudad es la capital de la Costa del Sol, Benalmádena es el centro geográfico de esta. No son pocos sus encantos: estos son los rincones mágicos de la ciudad en la que Alborán dio sus primeros pasos como músico.
Una localidad con muchísima historia
“Lo mejor de las pasiones es que se pueden estudiar”, le dijo una vez Helena Ferrándiz, su madre, tal como el propio artista recordaba en una charla para BBVA. En Benalmádena, Pablo Alborán se acercó, por primera vez y para siempre, a su gran pasión. Situada a solo 11 km del aeropuerto de Málaga, es un municipio muy cercano a la capital, dentro de su área metropolitana.
Uno de los principales atractivos turísticos de Benalmádena, además de lo obvio (la playa y el sol), es su teleférico. Estas cabinas conectan Arroyo de la Miel con el monte Calamorro, en la sierra de Mijas. Merece la pena subir en un día claro y divisar, desde allí, la costa de África.
Cerca de su punto más alto se puede visitar la Cueva del Toro; aunque en la provincia las de Nerja son las más famosas, no son las únicas, y las de Benalmádena merecen mucho la pena. Esta del Toro, quizá la más importante del municipio, aunque no la única, pertenece al Paleolítico Superior, y conserva pinturas de la época. La entrada es gratis, y ofrece visitas guiadas el primer y tercer domingo del mes a las 12 h. También quedan en el municipio restos de la presencia romana: se pueden visitar yacimientos arqueológicos de ‘garum’ (una salsa fermentada de pescado muy apreciada en la época), y también de aceite y salazones.
Pero el sur de España fue, principalmente, tierra andalusí. Y, por supuesto, en Benalmádena quedan restos de aquellos siglos de dominio del islam. Hay tres torres vigía dentro de Benalmádena que dejan constancia de la pertenencia de este territorio al antiguo Reino de Granada: Torremuelle, la Torre Quebrada y Torre Bermeja. Son fortificaciones construidas entre los siglos XIV y XVI, y consideradas Bien de Interés Cultural.
La hermosa historia de un barco y dos castillos de lo más curioso
No se acaban aquí los encantos de Benalmádena. Entre sus muchas historias está la del pecio Isabella o pecio de los Santos. Un pecio es un barco hundido en el fondo del mar: pues bien, una embarcación encalló, a mediados del XIX, en las costas de este municipio malagueño. Cuando se recuperó parte de su carga (esculturas, principalmente) se creyó, por su estilo, que eran de la época romana. Sin embargo, eran contemporáneas, lo que no les quita ni un ápice de su belleza.
Entre los monumentos que se pueden visitar mientras paseamos por Benalmádena hay dos castillos, ambos actuales, pero no por ello menos interesantes. Uno de ellos, el castillo de Colomares, parece auténticamente de cuento: se asemeja a una embarcación de la época de Colón y homenajea tanto al icónico navegante como a los Reyes Católicos. El otro, construido hace casi un siglo, se llama El Bil-Bil, tiene un marcado acento árabe y emula a los palacios nazaríes de la época islámica.
¡Ah! Y no te puedes perder el puerto deportivo, un lugar con muchísimo encanto en el que tiendas, restaurantes internacionales y edificios peculiares conviven junto a lujosas embarcaciones de recreo. Otro motivo más, y hay muchos, para recorrer la tierra de Pablo Alborán.