¿Cómo guardar un vestido de novia para que no se ponga amarillo?
Sin duda el vestido de novia es uno de los tesoros más sentimentales del armario, por eso, si lo quieres conservar correctamente tienes que seguir unas pautas
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Después de meses de búsqueda, pruebas y emoción, finalmente diste con el vestido de novia perfecto. Pero tras el gran día, llega otra decisión importante: ¿cómo conservarlo para que el paso del tiempo no le quite su magia? Y es que, uno de los problemas más comunes (y temidos) con el paso del tiempo es el amarilleamiento del tejido, especialmente en vestidos blancos o marfil claro. ¿La buena noticia? Hay soluciones, y con los cuidados adecuados, puede mantenerse como nuevo durante décadas.
En primer lugar, debes saber que la mayoría de las manchas responsables del amarilleo no se ven al principio, pues los restos de sudor, maquillaje o alcohol pueden oxidarse incluso meses después. Por eso es fundamental limpiarlo antes de guardarlo.
Así que, el primer paso para conservar tu vestido de novia intacto comienza justo después de la boda. Según expertas en conservación textil, dejar pasar semanas antes de limpiarlo puede ser fatal precisamente por lo que comentábamos de que muchas manchas tardan en salir un tiempo. ¿Lo mejor? Llévalo a una tintorería especializada en vestidos de novia, donde utilicen procesos libres de productos agresivos, solo así te asegurarás de que reciba el cuidado que se merece.
Por otro lado, el modo en el que lo guardes es el segundo paso a seguir más importante que determinará que se conserve como nuevo. Uno de los errores más comunes consiste en guardarlo en una bolsa de tintorería o en cualquier envoltorio de plástico ya que el plástico atrapa humedad y libera vapores químicos que aceleran el deterioro del tejido.
Caja específica y papel de seda
Lo ideal sería que utilizases una caja diseñada específicamente para textiles delicados, pues este tipo de envases están creados en materiales que permiten que el vestido ‘respire’ y lo protegen de la luz, el polvo y la humedad. Además, entre los pliegues, usa papel de seda para evitar fricción, arrugas y decoloración (especialmente importante en encajes, tul o tejidos naturales como la seda). Y si tiene pedrería, cubre esos detalles con papel para evitar que rasguen otras zonas al doblarlo. ¿Quieres un resultado óptimo? Entonces cámbialo cada 2 o 3 años, así te asegurarás que mantenga todas sus propiedades.
Almacenamiento horizontal, no colgado
Aunque muchas novias conservan su vestido colgado en una percha de satén, esto puede deformar la prenda, especialmente si tiene peso (pedrería, encajes o cola). La conservación horizontal reduce la tensión en las costuras y mantiene la estructura original, así que toma nota.
Por último, ten en cuenta los factores externos como el frío y la humedad. Lo ideal es guardar el vestido en un lugar fresco, seco y oscuro. El exceso de humedad favorece el moho, el calor puede alterar las fibras y la luz solar directa acelera la decoloración.
Y para las más exigentes…
Revisa el embalaje de tu vestido cada cierto tiempo (unos 2 años por ejemplo), así, si tiene alguna mancha indeseada, estarás a tiempo de repararla antes de que sea demasiado tarde.