Vestidos de novia

Así podría ser el vestido de novia de Irene Matamoros: las creaciones de la diseñadora Claudia Llagostera

Los vestidos de novia de Claudia Llagostera que podría llevar Irene Matamoros
Los vestidos de novia de Claudia Llagostera que podría llevar Irene Matamoros. @isabella_visualstories / @claudiallagostera
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Empieza la cuenta atrás para la boda de Irene Matamoros, la hermana mediana de Laura Matamoros y la más discreta del clan formado por Kiko Matamoros y Marián Flores. Se casa este 2026 con Pedro Romero, su pareja desde hace años, y la boda se celebrará en un pueblo de Córdoba muy especial para ambos, como adelantó su entorno. Será una boda íntima, familiar y cargada de simbolismo. Y ahora que ya sabemos también que quien firma el vestido de novia es Claudia Llagostera, no hemos podido evitar imaginarnos cómo será su look.

Irene Matamoros y su novio

Que haya apostado por Claudia Llagostera no es casualidad. Laura Matamoros, tras acudir a una de las pruebas del vestido, confesaba entre lágrimas que el diseño “encaja muchísimo con el estilo” de su hermana. Y si algo define el universo de Llagostera es precisamente eso: sensibilidad y una elegancia con un toque boho.

¿Cómo son los diseños de Claudia Llagostera?

Con 36 años y después de haber pasado por el prestigioso IED Madrid, Claudia Llagostera decidió emprender tras años diseñando su propia firma. Primero fue Lentejita, una marca de estética romántica y relajada, y después su atelier nupcial, donde encontró su verdadera vocación. El mundo novia, según cuenta, la cautivó por la posibilidad de trabajar desde la moda lenta, dedicar tiempo al proceso creativo y crear piezas únicas pensadas para una mujer concreta.

Sus diseños destacan por la sencillez, la dulzura y una elegancia natural. Son vestidos que priorizan la comodidad, los tejidos con historia y el trabajo artesanal. De hecho, muchas de sus creaciones parten del tejido como punto de partida emocional.

Su propia boda en Tarifa es el mejor reflejo de su filosofía: ceremonia civil en la playa de Valdevaqueros, decoración orgánica, ausencia de normas estrictas y un vestido confeccionado a partir de una colcha antigua, con encajes y algodón bordado a mano. Una pieza con alma que no tienen parangón.

La mujer que viste Claudia Llagostera es sencilla, natural y relajada. Busca calidad y elegancia sin perder autenticidad. Y ahí es donde todo apunta a que Irene Matamoros ha encontrado su vestido, como en su día también lo encontró Marta Pombo, que confió en ella para su primera boda.

Así podría ser el vestido de Irene Matamoros

Irene, graduada en Relaciones Internacionales y siempre alejada del foco mediático que rodea a sus hermanos Laura y Diego y de las polémicas con su primo Carlo Constanzia, encaja a la perfección con ese perfil de novia que no quiere disfrazarse y abraza el estilo boho. Discreta, elegante y poco dada a la exposición pública, todo apunta a que el vestido de novia de Irene Matamoros será un diseño atemporal.

Podría tratarse de un vestido fluido, con tejidos vaporosos como la gasa de seda o el algodón bordado, mangas ligeras o caídas suaves en los hombros. No sería extraño que incluyera detalles artesanales, como encajes, cintas bordadas o aplicaciones sutiles, y una silueta cómoda que le permita moverse con libertad en una celebración que promete ser emotiva y cercana.

En cuanto al resto del conjunto que llevará en su boda, todo apunta a un look natural: maquillaje luminoso, piel fresca, ojos definidos sin excesos y un peinado relajado, quizá con ondas suaves o un recogido bajo desenfadado. Llagostera defiende que la novia debe sentirse ella misma, y esa premisa parece encajar con la personalidad de Irene.

La reacción de su madre y de Laura al verla vestida de blanco fue un “¡Dios mío, qué fuerte!”. Aunque todavía el resto no hayamos visto el vestido de novia de Irene Matamoros, las dos mujeres que posiblemente más la conocen han confirmado que el diseño ha logrado lo más difícil: emocionar. Irene hablaba de “sentimientos encontrados” y aseguraba estar “sin palabras”. Señal inequívoca de que el vestido no solo es bonito, sino significativo.

A pocas semanas del “sí, quiero”, todo indica que veremos una novia fiel a sí misma. Y eso, en una boda, es el mejor punto de partida.