La dura infancia de Jesulín de Ubrique: dormían todos en una habitación y dio sustento a la familia desde los 13

El torero ha declarado, tiempo atrás, las duras dificultades que rodearon a su familia y cómo su decisión de dar un paso adelante se pudieron superar
María José Campanario y Jesulín de Ubrique toman una decisión tras desmentir que vayan a ser abuelos: "No puede ser"
Lleva retirado de los toros más de 15 años, pero Jesulín de Ubrique ha seguido concitando interés porque su fama va mucho más allá de los ruedos. El torero, casado con María José Campanario, ha logrado formar una familia junto a ella, ampliada en 2022 con la llegada del pequeño Hugo. Mucho antes de tener su propio hogar, Jesús Janeiro tuvo que ayudar en el de sus padres. Se convirtió en el verdadero corazón de la economía familiar cuando aún era un niño. Esta fue su infancia.

La deuda del padre de Jesús con Rocío Jurado
Nacido en Ubrique, el municipio gaditano que forma parte de su nombre artístico, Jesús se formó como matador en la escuela taurina de Cádiz. Pero lo de torear fue más por necesidad que por vocación: su padre, Humberto Janeiro, fallecido en 2020, contrajo una deuda al intentar emprender un negocio de plazas portátiles que iba instalando para ofrecer espectáculos. Tal como recoge ‘Chic’ de ‘Libertad Digital’, el padre de Jesús contrajo una deuda que dejaba a la familia, ya muy apurada económicamente, al borde de la ruina. Tenía que pagar una actuación de Rocío Jurado e iba a malvender una pequeña finca. “Yo no tenía afición alguna por el toreo”, explicaba Jesulín de Ubrique en declaraciones que recoge el citado medio. En realidad, él soñaba con ser portero de fútbol, como Buyo o Arconada.

En aquellos años, los Janeiro Bazán vivían en una pequeña vivienda de alquiler que solo contaba con un salón, una cocina y una habitación. En ese cuarto dormían todos, incluidos sus padres. Antes de emprender la carrera que salvaría la economía familiar, Jesús iba al colegio, y reconocía ante Pablo Motos: “No he sido el alumno estrella”. Lo que más le gustaba era jugar al fútbol y, ya cuando empezó a torear, faltó más de la cuenta. Pero había algo del colegio que adoraba: “Cuando nos daban las vacaciones, me encantaba ir a por los libros y forrarlos”.
La vida después del éxito

El torero se vistió por primera vez de luces con 13 años y tomó la alternativa con 16. Un año antes, con 15, cortó dos orejas. El novillo que toreó se llamaba Ambiciones, nombre que más tarde le pondría a su finca. Pero para eso aún quedaban años. Y, aunque no eligiera exactamente su profesión cuando se inició en ella, confesaba a Motos que nadie le ponía “una pistola en el pecho” para hacerlo. Y añadía: “He tenido una responsabilidad muy grande, independientemente de que me estaba jugando la vida. Dependían de la decisión de un niño muchas familias”.
Aquel sacrificio de Jesús permitió sacar a su familia de la pobreza y vivir holgadamente. Su hermana Carmen, que fue toda una celebridad a partir de la fama de aquel entre los años 90 y los primeros 2000, hace ya años que está retirada de los focos y vive de sus negocios; su hermano Víctor siguió los pasos de Jesús, y Humberto escogió ser piloto. Seguramente las vidas de todos ellos habrían sido bien distintas de no ser porque el mayor de los Janeiro Bazán, ante la desesperación de su padre, se echó la responsabilidad a las espaldas de tirar del carro y lo consiguió.
