Aunque no pertenezcan a la realeza de ningún país, nadie puede dudar que los Kennedy son una de las dinastías políticas más importantes de Estados Unidos, y quizá una de las familias aristocráticas más castigadas por la tragedia en el siglo XX. Hasta nueve hijos tuvieron Joseph P. Kennedy y Rose Fitzgerald Kennedy, de los que dos murieron en diferentes accidentes de avión –Joseph (1944) y Kathleen (1948)-, y otros dos fueron asesinados, John Fitzerald y Robert, cuando eran Presidente y Senador de Estados Unidos, respectivamente. Especialmente trágicas, por su repercusión histórica, fueron estas dos últimas muertes. La primera, en Dallas en 1963, se ha convertido en el magnicidio más impactante del siglo XX, por producirse en el autodenominado ‘país más libre del mundo’ y por existir un sin fin de imágenes del momento. Una instantánea que residirá para siempre en la retina de la Historia contemporánea. A la muerte de JFK le sucedió cinco años más tarde la de su hermano Robert, en Los Ángeles, asesinado cuando se acababa de convertir en candidato demócrata a la Presidencia de los Estados Unidos. Posteriormente, en 1999, uno de los hijos de JFK, John Fitzerlad Kennedy Jr., perdía la vida junto a su mujer en una nueva tragedia aérea, al estrellarse su avioneta en el Océano Atlántico. Dos años antes, en 1997, su primo Michael Kennedy, hijo del asesinado Senador, perdía la vida en un accidente de esquí en Aspen, Colorado. En total, seis muertes en el seno de la familia entre accidentes de avión, de esquí y asesinatos, en apenas medio siglo.