Casa Real Noruega

El motivo por el que Letizia, Mette-Marit y otras royals llevan perlas en el funeral de Harald de Noruega

Letizia, la reina Sonja, Mette-Marit y Marta Luisa de Noruega. Fotomontaje con imágenes de Getty Images
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La muerte del rey Harald V de Noruega ha reunido este miércoles 9 de septiembre a representantes de numerosas casas reales europeas en Oslo. El monarca falleció el pasado 28 de agosto a los 89 años, después de 35 años al frente de la Corona noruega, y su funeral de Estado ha estado marcado por un protocolo que también se ha trasladado a los estilismos de las royals. Entre el negro y la ausencia de elementos llamativos, las perlas han vuelto a ocupar un lugar destacado como una de las joyas tradicionalmente vinculadas al luto.

Las perlas toman protagonismo entre las royals

La elección de estas joyas no responde únicamente a una cuestión estética. En el protocolo tradicional de luto de las casas reales, las perlas se consideran una de las piezas apropiadas para acompañar un estilismo de estas características por su aspecto discreto y por el simbolismo que adquirieron durante el siglo XIX: su asociación a las lágrimas.

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Entre las asistentes al funeral, una de las que más protagonismo ha dado a esta joya ha sido la reina Sonja de Noruega. La viuda de Harald V ha lucido varias vueltas de perlas alrededor del cuello. En concreto, cinco vueltas quedan recogidas en la zona del cuello y una sexta cae de forma más larga hasta debajo del pecho.

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También Ingrid Alexandra de Noruega ha recurrido a las perlas. La hija mayor de Haakon y Mette-Marit ha llevado dos grandes perlas como pendientes y un fino colgante formado también por pequeñas perlas, manteniendo la línea de sobriedad que ha predominado en la ceremonia. Marta Luisa de Noruega también ha lucido un choker de perlas con varias vueltas en el que destaca un broche en medio con una gran perla central.

Mette-Marit, por su parte, ha escogido un collar compuesto por tres líneas de perlas, con parte de ellas cayendo ligeramente sobre el pecho. Lo ha combinado con unos pendientes sencillos en los que una perla pone el punto final a la pieza.

Otra de las royals que ha apostado por esta joya ha sido Matilde de Bélgica. La reina ha lucido un collar a modo de choker formado por seis finas filas de perlas. En sus orejas, unos pendientes colgantes terminaban también en una perla, siguiendo la misma estética.

Y entre las asistentes españolas, la reina Letizia también ha incorporado las perlas a su estilismo de luto. La soberana ha llevado un collar de una única vuelta y sus pendientes de perlas en forma de lágrima, unas piezas que ya había utilizado en enero durante el funeral de Irene de Grecia en Atenas. En aquella ocasión los combinó con el broche de la denominada 'falsa peregrina', mientras que en Oslo ha optado por un conjunto diferente y más reducido.

Las perlas, además, forman parte de algunas de las joyas históricas vinculadas a la monarquía española. Uno de los collares que ha lucido Doña Letizia en otras ocasiones tiene su origen en 1846, cuando el rey Francisco de Asís de Borbón se lo regaló a su prometida, Isabel II. La pieza está formada por 37 perlas naturales de gran tamaño. La reina también ha demostrado que no reserva esta joya exclusivamente para los actos solemnes, ya que en ocasiones la ha incorporado a estilismos más cotidianos.

Por qué las perlas están relacionadas con el luto

La relación entre las perlas y el luto se consolidó especialmente durante el reinado de Victoria del Reino Unido. Tras la muerte del príncipe Alberto en 1861, la monarca mantuvo durante décadas unas estrictas normas de duelo y su imagen quedó ligada al negro y a las joyas de apariencia discreta. Las perlas encajaban en ese código por su brillo suave y por la ausencia de color. La tradición llegó a asociarlas también con las lágrimas, convirtiéndolas en una elección vinculada al dolor y al recuerdo de una persona fallecida.

Sin embargo, su historia es mucho más antigua. Las perlas han sido consideradas piezas especiales desde la Antigüedad. En la cultura griega se relacionaban con las lágrimas de los dioses, mientras que en la tradición hindú se vinculaban con la luna, la pureza y la sabiduría. En China incluso existía la costumbre de colocar una perla en la boca de los fallecidos como protección para su viaje al más allá.

Durante el Renacimiento, su rareza hizo que se convirtieran además en un símbolo de riqueza y posición social. Isabel I de Inglaterra las utilizó como parte de su imagen pública, asociándolas a la pureza. Con el paso de los siglos, las estrictas normas del luto han desaparecido en gran medida, pero las perlas han mantenido su significado. Por eso, en funerales de Estado como el de Harald V, siguen apareciendo entre las elecciones de las familias reales: una joya blanca, discreta y cargada de historia que permite completar el negro sin romper el tono solemne de la ceremonia.