Cristina García, profesora, analiza la 'habitación Montessori' del hijo de Marina Romero y Javier Tudela: "Explorar”
Un dormitorio diseñado para fomentar la autonomía, la calma y el aprendizaje libre desde los primeros meses de vida
Así es la relación y la vida familiar de Marina Romero y Javier Tudela
Cuando Marina Romero y Javier Tudela empezaron a preparar el dormitorio de su hijo Javi, tuvieron claro que querían algo más que una habitación bonita. Querían un espacio que acompañara su desarrollo desde el primer día. Por eso optaron por el enfoque Montessori, un método educativo que da mucha importancia al entorno físico y a la autonomía del niño. La elección no sorprende, pues su habitación es un ejemplo perfecto de cómo unir estética, funcionalidad y pedagogía sin perder calidez.
Hablamos con, Cristina García, profesora en The Child’s Primmary School de San Diego y divulgadora del método, quien explica muy bien esta idea: “Un niño necesita un entorno que esté preparado para él, no uno en el que dependa constantemente del adulto. Cuando todo está a su altura y puede manipularlo por sí mismo, se refuerza la idea de que es capaz”. Añade además un matiz importante que a menudo se pasa por alto: “La libertad no es ausencia de límites, es ofrecer un espacio seguro donde el niño pueda explorar sin miedo y a su propio ritmo”. Palabras que encajan a la perfección con el resultado final del dormitorio de Javi.
Un ambiente que acompaña su autonomía
La habitación está pensada para que el pequeño se mueva con libertad desde el primer día. La cama, casi a ras de suelo, está diseñada para que pueda subir y bajar sin ayuda. Las estanterías están fijadas a la pared pero siempre a su altura, lo que permite que Javi elija sus juguetes o cuentos sin depender de un adulto.
Todo el mobiliario es ligero, accesible y funcional, siguiendo fielmente la idea del “ambiente preparado” que defiende Montessori. Los tonos neutros —blancos rotos, beiges y madera clara— ayudan a mantener un ambiente calmado, evitando una sobreestimulación visual que pueda agobiar al niño. El suelo, cubierto por una alfombra mullida, no solo aporta calidez, sino que crea una superficie segura para gatear, levantarse y caminar sin miedo a hacerse daño.
Cristina refuerza este planteamiento al decir que “la habitación ideal es aquella que permite al niño comprender intuitivamente cómo usarla; cuando todo está ordenado, accesible y a su medida, el niño se siente capaz y, sobre todo, seguro.” Una filosofía que se aprecia en cada detalle del cuarto.
Un espacio bonito, funcional y emocionalmente seguro
En la habitación de Javi se respira un equilibrio muy medido entre estética y funcionalidad. Aunque todo está pensado para favorecer su independencia, no se ha renunciado al estilo: las texturas suaves, los materiales naturales y la presencia de la madera crean un ambiente acogedor y sereno que invita a pasar tiempo allí.
Más que un simple dormitorio, este espacio es casi un pequeño laboratorio de autonomía. Javi puede decidir a qué jugar, coger un cuento, explorar, volver a ordenar o sentarse cómodamente sin esperar la intervención de un adulto para cada gesto. En la práctica, esto fortalece su autoestima, su coordinación y su iniciativa.
Los consejos de Cristina para montar una habitación Montessori
Para quienes quieran aplicar este enfoque en casa, Cristina García deja cuatro pautas claras y muy prácticas:
Mobiliario siempre a la altura del niño. Cama baja, estanterías accesibles y muebles ligeros que él pueda usar sin ayuda.
Pocos elementos, pero bien elegidos. Demasiados estímulos saturan; lo ideal es ofrecer materiales seleccionados y visibles.
Todo debe tener su sitio. Cestas, bandejas o estantes que indiquen claramente dónde va cada cosa, para que el niño pueda ordenar por sí mismo.
Colores suaves y ambiente calmado. Los tonos neutros ayudan a la concentración y reducen la sobreestimulación visual.