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Así es la La Mareta, la Residencia Real donde veranean Pedro Sánchez y su familia en Lanzarote

Pedro Sánchez. Europa Press
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La Residencia Real de La Mareta se ha convertido definitivamente en el destino estival favorito del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de su esposa Begoña Gómez y sus hijas. Ubicado en el litoral de la isla de Lanzarote, este imponente palacio presume del encanto de la arquitectura típica de las Islas Canarias con un altísimo nivel de privacidad, seguridad y comodidades de todo tipo ya que perteneció a la Corona española. Este verano, el jefe del Ejecutivo ha planeado una estancia muy larga, reservando casi cinco semanas seguidas entre el 28 de julio y el 30 de agosto, para descansar en este palacio situado en primera línea de playa.

Una finca de estilo colonial canario construida por orden del rey Husein de Jordania

La finca de La Mareta goza de una ubicación privilegiada en primera línea de costa dentro del núcleo turístico y residencial de Costa Teguise, en la zona oriental de la isla de Lanzarote. El origen de este emblemático palacio se remonta a finales de la década de los años 70', cuando fue mandado construir por encargo directo del rey Husein de Jordania. Años más tarde, el monarca hachemita decidió regalar y ceder formalmente la propiedad a la Corona española, pasando a incorporarse a la larga lista de residencias a disposición de la Casa Real para alojar a mandatarios y rostros de la política internacional.

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En el año 2015 se produjo un hito importante en la gestión de la finca. El rey Felipe VI, mediante la firma de un convenio suscrito con el Gobierno a través del Ministerio de Industria, cedió el uso y la administración del palacio a Patrimonio Nacional para poner la finca al servicio de los intereses turísticos, culturales e institucionales del país. A pesar de este destino inicial, desde su llegada a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez ha utilizado con regularidad estas dependencias oficiales para pasar sus periodos de descanso veraniego en la isla canaria.

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De hecho, este uso por parte del Ejecutivo ha provocado bastantes críticas, incluidas las del propio rey emérito Juan Carlos I. En su libro de memorias titulado 'Reconciliación', el emérito señala la paradoja de que los mandatarios que cuestionan a la Corona aprovechen ahora para veranear en una finca de origen real. En cuanto a la arquitectura exterior, la casa principal sigue al pie de la letra los detalles de la arquitectura típica de las islas Canarias. Se trata de una construcción de estilo colonial con fachadas blancas impolutas, tejados de teja roja, puertas y ventanas verdes y balcones de madera, pensada para resistir el viento del mar y mantener el interior fresco durante los días más calurosos.

La propiedad se extiende sobre un amplio terreno de 30.900 metros cuadrados orientado de cara al océano Atlántico. En su interior alberga 1.900 metros cuadrados de edificación repartidos en diez bungalows de una y dos alturas, interconectados por cerca de 10.000 metros cuadrados de zonas ajardinadas provistas de un lago artificial, dos piscinas, helipuerto y salida privada al mar. El mantenimiento continuo de este recinto supone un desembolso cercano a los 10.000 euros mensuales y, con el paso de los años, sus estancias han acogido a numerosos líderes internacionales durante sus visitas a a nuestro país.

Interiores sencillos con suelos de mármol y un exterior con la firma de César Manrique

Si por algo sorprende el interior de La Mareta es por la sencillez de sus estancias. A pesar de ser un palacio real con todo tipo de comodidades, la decoración huye de los espacios llenos de decoración como ocucre en otros palacios reales. La estancia más importante es el salón principal, un espacio muy amplio y de aspecto austero que se ha convertido en el centro de la vida en la casa. Este salón cuenta con elegantes suelos de mármol en tonos claros que aportan frescor a la vivienda y está rodeado por grandes ventanales de cristal que regalan unas vistas directas e impresionantes a las aguas del mar Atlántico. El mobiliario es clásico y de corte señorial, con colores claros y paredes lisas, así como piezas provenzales de la época que se fusionan con obras de arte y otros objetos decorativos de valor como grandes jarrones, candelabros dorados y cuadros de grandes dimensiones.

Pero si el interior es señorial, la parte exterior de la finca es la gran joya del recinto. El genial artista lanzaroteño César Manrique se encargó personalmente de diseñar y decorar los jardines y los espacios abiertos de la propiedad. Siguiendo su famoso estilo, Manrique integró la vegetación autóctona de Canarias con la piedra volcánica negra de la isla, creando un paisaje lleno de palmeras, cactus y suculentas. Las zonas exteriores cuentan con varias terrazas pavimentadas para comer al aire libre, zonas de solárium, piscina privada y una ventaja que muy pocas casas tienen en la zona: un acceso privado y directo a las rocas y al agua del mar. Gracias a esta distribución pensada para mirar al océano, la familia presidencial puede disfrutar del sol, del baño y de paseos al aire libre sin perder la intimidad que exige un recinto de estas características.