La "posición de mando" del Feng Shui, clave: cómo colocar el sofá para sentir más equilibrio en casa
Ver la entrada y contar con una pared detrás ayuda a que el salón se perciba más protegido y acogedor
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A la hora de distribuir el salón, solemos empezar pensando dónde colocar el televisor, cómo aprovechar la luz o en qué pared encaja mejor el sofá. Sin embargo, hay otro detalle que puede cambiar la sensación de la estancia. En otras palabras, lo que vemos al sentarnos y lo que queda a nuestra espalda. Para el Feng Shui, la ubicación del sofá es especialmente importante, ya que alrededor de este mueble se organiza buena parte de la vida del salón.
¿Qué es la posición de mando?
El Feng Shui denomina “posición de mando” al lugar desde el que podemos ver la puerta de entrada sin quedar situados directamente frente a ella. Aplicado al salón, significa que quien se siente en el sofá debería tener la puerta dentro de su campo de visión, preferiblemente en diagonal, pero sin encontrarse justo en la línea de paso.
El motivo tiene una buena explicación. Cuando estamos de espaldas a la entrada no vemos quién llega y puede aparecer una ligera sensación de alerta, aunque apenas seamos conscientes de ella. En cambio, tener una visión general de la habitación y sus accesos hace que el espacio se perciba más controlado y tranquilo. Eso sí, tampoco se trata de colocar el sofá mirando directamente hacia la puerta. Si queda completamente enfrentado a ella, el Feng Shui considera que recibe de forma demasiado directa el movimiento y la energía que entran en la habitación. Lo ideal es ver el acceso con facilidad, pero quedar ligeramente apartado de su recorrido.
Una pared sólida detrás del sofá
La posición de mando también tiene en cuenta lo que queda a nuestra espalda. Siempre que la distribución lo permita, el sofá principal debería apoyarse visualmente en una pared sólida, ya que actúa como respaldo y aporta una mayor sensación de estabilidad. Por este motivo, el Feng Shui evita colocar el sofá de espaldas a una puerta, en medio de una zona de paso o justo delante de un gran ventanal. Dejando a un lado la interpretación energética, estas ubicaciones también pueden resultar incómodas: las personas pasan por detrás, entran corrientes de aire y cuesta más relajarse.
La pared tampoco tiene que quedar vacía. Un cuadro, una composición sencilla de láminas o una pieza decorativa proporcionada pueden ayudar a enmarcar el sofá sin recargar el conjunto. Lo importante es que el mueble parezca bien integrado.
Qué hacer cuando el salón no lo pone fácil
No todos los salones permiten seguir estas indicaciones al pie de la letra. Hay espacios pequeños, distribuciones abiertas o viviendas en las que el único lugar posible para el sofá está en mitad de la estancia. En ese caso, se puede colocar detrás una consola, un mueble bajo o una planta de cierto volumen para crear una separación visual.
Si el sofá tiene que quedar de espaldas a la puerta, un espejo colocado estratégicamente puede permitirnos ver el acceso desde el asiento. Pero ojo, debe reflejar realmente la entrada y no convertirse en un elemento que multiplique el desorden o produzca reflejos molestos.
También conviene mantener libres las zonas de paso. La posición de mando pierde sentido si para llegar al sofá hay que esquivar mesas, lámparas o muebles auxiliares. La distribución debe facilitar tanto el movimiento como la conversación entre quienes ocupan los distintos asientos. No cabe duda de que encontrar el lugar adecuado para el sofá no depende solo del tamaño del salón o de dónde esté la televisión. A veces, girarlo ligeramente, acercarlo a una pared o despejar el recorrido de entrada es suficiente para que la habitación se sienta más equilibrada, segura y agradable.