Gema Pineda, decoradora, sobre las tendencias para la casa en otoño: "Las novedades que debes instalar en el salón"

Cambiar el ambiente de esta estancia no exige estrenar sofá: el color, las lámparas y los textiles pueden hacer casi todo el trabajo
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MadridEl otoño tiene una extraña capacidad para hacernos redescubrir nuestra propia casa. Pasamos más tiempo dentro, anochece antes y ese salón que en junio nos parecía luminoso de repente pide una manta, una lámpara encendida y algún cambio. La buena noticia es que las tendencias de esta temporada no obligan a sustituir todos los muebles ni a embarcarse en una reforma.
La decoración se vuelve más cálida, pero también bastante más atrevida. Los salones completamente beige empiezan a dejar sitio a maderas intensas, colores con carácter, tejidos que apetece tocar y objetos que no parecen recién sacados de una caja. Se busca comodidad, sí, pero sin renunciar a que la estancia diga algo de las personas que viven en ella.
"Un salón puede cambiar muchísimo con tres decisiones bien tomadas. No hay que comprarlo todo de nuevo, sino detectar qué le falta: quizá sea una luz más agradable, una pieza de color o una alfombra que haga que el espacio resulte más recogido", explica la decoradora Gema Pineda.
El beige sigue, pero necesita compañía
La experta cuenta que los tonos neutros no desaparecen y que siguen funcionando muy bien en sofás, paredes y muebles grandes porque resultan fáciles de combinar. Señala también que lo que cambia este otoño es la forma de utilizarlos. En lugar de dejar el salón completamente blanco, crema o arena, se añaden pinceladas de burdeos, verde musgo, teja, chocolate o mostaza oscura.
"No hace falta pintar el salón de verde para introducir color. Puedes empezar con dos cojines, una pantalla de lámpara o una butaca pequeña. Si dentro de unos meses te cansas, será mucho más fácil cambiarlo que si has comprado un sofá burdeos de tres metros", comenta Pineda.
También vuelven las maderas con tonos más profundos. Frente a los acabados muy blanqueados de los últimos años, ahora se ven mesas, aparadores y estanterías en nogal o marrón oscuro. La decoradora aconseja introducirlas poco a poco y mezclarlas con lo que ya tenemos. Una mesa auxiliar oscura puede convivir perfectamente con un mueble claro y, de hecho, ese contraste hace que el salón resulte menos plano.
Más lámparas y menos luz de techo
Uno de los cambios más sencillos pasa por dejar de depender de la lámpara central. En otoño, cuando las tardes se acortan, tener distintos puntos de luz permite adaptar el salón al momento: una lámpara junto al sofá para leer, otra sobre un aparador y una tercera más tenue cerca de la televisión.
"La luz del techo es práctica cuando estás recogiendo o limpiando, pero no suele ser la mejor opción para estar tranquilamente en el sofá. Es preferible repartir varias lámparas por la estancia y encender solo las que necesitemos. El ambiente cambia al instante", asegura Gema.
Las propias lámparas se convierten además en parte importante de la decoración. Se llevan las pantallas de tela, los modelos plisados, las bases de cerámica y los diseños de mayor tamaño. También regresan el latón, el bronce y los metales con acabados menos brillantes. No hace falta que todas sean iguales; queda más natural combinar modelos que compartan un color o un material, pero tengan formas diferentes.
Un salón que apetezca tocar
Si en verano buscamos tejidos ligeros, el otoño pide justo lo contrario. La lana, el terciopelo, la chenilla o el bouclé aparecen en cojines, mantas, cortinas y alfombras. El objetivo no es llenar el sofá de accesorios, sino mezclar superficies diferentes para que el espacio se vea más cómodo. "Muchas veces compramos cuatro cojines idénticos porque pensamos que así no podemos equivocarnos, pero el resultado queda un poco rígido. Yo prefiero combinar tamaños y tejidos, manteniendo dos o tres colores comunes para que todo tenga relación", apunta la decoradora.
Las formas también se suavizan. Las mesas redondas, las butacas envolventes y los sofás de líneas curvas continúan presentes porque ayudan a que el salón se vea menos cuadriculado. A su lado funcionan especialmente bien los objetos hechos a mano, las piezas heredadas, los libros y los pequeños muebles antiguos. Ya no interesa tanto que todo pertenezca a la misma colección.
Gema propone empezar por mirar lo que ya tenemos antes de salir de compras. Cambiar una lámpara de sitio, recuperar una cerámica guardada o mover una butaca puede abrir nuevas posibilidades. "Las tendencias deberían servir para dar ideas, no para conseguir que todas las casas sean iguales. Si el salón sigue pareciendo tuyo después del cambio, entonces has acertado", concluye.
