Álex Rovira, experto en desarrollo personal: "Tal vez la felicidad más honda requiera una cierta renuncia"
En unos tiempos en los que necesitamos documentar cada momento mágico, el experto en bienestar y desarrollo personal explica por qué es contraproducente
La conversación que Lucas, el hijo de Sara Carbonero e Iker Casillas, ha mantenido con su madre sobre la felicidad
Venimos de pasar unas fiestas entrañables, al menos para una gran parte de la población. En esos días de reuniones familiares, con amigos o, incluso, de escapadas al mar o a la montaña, intentamos capturar esos momentos en los que hemos sido felices. Sin embargo, Álex Rovira, escritor y experto en desarrollo personal, tiene algo muy importante que decir acerca de esta obsesión por registrar todos esos buenos momentos. El autor de libros como ‘El laberinto de la felicidad’ (junto a Francesc Miralles) o ‘La buena suerte’ (con Fernando Trías de Bes) ha hablado y reflexionado a menudo sobre la felicidad. Y nos da una auténtica lección de vida en unos tiempos de postureo como estos, en los que necesitamos que todo lo que hacemos quede inmortalizado.
“Documentar tu vida impide que seas feliz”
Así, para empezar, no está nada mal: no, no es necesario hacer fotos de cada evento o momento en el que pretendes sentirte en plenitud. “Los momentos más felices de tu vida probablemente no tienen fotos”, explica Rovira. “Los momentos que intentamos documentar, capturar o preservar son momentos en los que una parte de nosotros ya salió de la experiencia para observarla desde afuera”. Es decir, en el instante en el que estamos pensando en inmortalizar ese momento estamos olvidándonos de ser felices para centrarnos en que eso debe quedar registrado. Un atardecer en la playa, una charla con amigos en los que surge una conversación divertida… “Interrumpimos la risa para grabar la risa”, nos recuerda. En ese momento, la felicidad ha quedado relegada a un segundo plano.
“La felicidad más pura ocurre cuando estás tan absorta o absorto que olvidas que existe el tiempo, que existe tu teléfono”, nos recuerda.
No podemos capturar la felicidad
“Queremos atesorar la felicidad”, continúa, “pero el mismo acto de intentar capturarla, como una mariposa con un cazamariposas, nos saca parcialmente de ella. Es como intentar guardar la brisa de un amanecer en un frasco: en el momento en el que lo cierras ya no hay viento. Solo queda aire inmóvil”.
Por tanto, esa felicidad pura de la que habla el experto tiene más que ver con vivirla, con ser, sin pensar en nada más. Como un niño que juega en la playa y que no piensa en lo feliz que es. “Cuando la felicidad es verdadera no deja huellas visibles”, añade, y explica que, más que pruebas o registros o fotos de esa felicidad, sentimos que ese momento nos ha dejado distintos. Esas gotas de felicidad verdadera “son las que nos arrebataron por sorpresa, que abrazaron nuestra alma sin dejar ningún fragmento fuera, tan completamente que olvidamos documentarlas”.
Álex Rovira concluye, por tanto, que la felicidad más auténtica no está documentada. Esa conversación con amigos hasta entrada la madrugada o esa carcajada que sabes que ocurrió pero que ni siquiera recuerdas qué la causó son instantes que perviven en una especie de memoria imperfecta que termina mezclándose con los sueños y se vuelven más sentidos que recordados, reconoce Rovira, porque no queda registro ni documento de su existencia. “Tal vez la felicidad más honda requiera una cierta renuncia: la renuncia a poseerla”.