Psicología

Silvia Álava, psicóloga, sobre cómo evitar "los comportamientos diarios que aumentan nuestra ansiedad"

Rutinas que realizamos sin darnos cuenta y que nos perjudican. Pexels
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MadridEn los últimos tiempos, da la sensación de que estar ocupados se ha convertido casi en un símbolo de estatus. Decir “no paro”, “voy a mil” o “no me da la vida” parece sinónimo de éxito, de productividad y de tener una agenda interesante. Sin embargo, este ritmo constante tiene un precio: niveles de cortisol -la hormona del estrés- más altos de lo recomendable. Diversos estudios, como los publicados por la ‘American Psychological Association’, señalan que la exposición prolongada al estrés diario y a la sensación de falta de control aumenta el riesgo de ansiedad, problemas de sueño y agotamiento mental. Lo paradójico es que muchas de las conductas que nos generan ese estrés no son grandes dramas… sino pequeños hábitos que hemos normalizado.

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Para entender mejor cómo estos comportamientos aparentemente inofensivos influyen en nuestro bienestar emocional, en Divinity hemos hablado con Silvia Álava, doctora en Psicología, que nos explica cuáles son esos gestos del día a día que elevan la ansiedad, y qué podemos hacer para reducirla.

Empezar el día con el móvil (y con estrés)

“Muchas veces no somos conscientes de que nosotros, en nuestro día a día, tenemos ciertas actitudes, determinados hábitos, que ya nos hemos incorporado como algo normal, y que al final nos están generando mucho estrés”, explica Álava. Uno de los más habituales ocurre nada más abrir los ojos. “En ocasiones, lo primero que hacemos es consultar el móvil. Ya empezamos a ver qué notificaciones tenemos, y eso es una carga de estrés añadido”.

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Según la experta, retrasar ese primer contacto digital puede marcar la diferencia. “Quizás es más razonable levantarte por la mañana, ducharte, desayunar. Y una vez que ya lo hayas hecho, será el momento en el que podrás consultar el móvil y el ordenador. ¿Qué es lo que vamos a conseguir con esto? No meter más carga mental a nuestro día a día”.

Vivir corriendo (y casi siempre solos)

Otro gesto cotidiano que dispara la ansiedad es ir deprisa a todas partes. “Tenemos un cerebro con el que creemos que estamos muy evolucionados, y sin embargo tenemos el mismo cerebro que cuando vivíamos en el Paleolítico”, recuerda la doctora en Psicología. “Nuestro cerebro está preparado para salir de la caverna en grupo y andando despacio”. ¿Qué ocurre hoy? “Vamos solos y muy rápido corriendo a todos los sitios”.

Esa combinación de prisa y soledad no es inocente. “Esa sensación de estar solo nuestro cerebro la interpreta como que es potencialmente peligroso. Además, lo de ir corriendo a todos los lados también hace que nuestros niveles de ansiedad se vayan incrementando”.

Agendas imposibles

La planificación (o la falta de ella) también juega un papel clave. “Tendríamos que planificarnos con tiempo para no tener que ir corriendo a todos los lados”, señala Álava. Y, sobre todo, revisar cómo llenamos la agenda. “En ocasiones la estamos sobrecargando. ¿Realmente todo lo que tienes en la agenda, todos esos ‘tengo que…’, ‘debo…’, son cosas que las tienes que hacer ahora?”.

Aquí entra en juego el lenguaje interno. “¿Cómo nos estamos hablando? Si lo hacemos en términos de ‘debería’, cuando no lo hago me sobrecargo mucho y comienzo a sentirme bastante mal. Y esto, como norma general, me va a producir bastante ansiedad”.

Ocio pasivo, desconecta, pero no regula

Otro error común es confundir descanso con evasión. “No es lo mismo tener un ocio activo, en el que estamos regulando nuestras emociones porque estamos haciendo cosas, que un ocio pasivo”, explica la experta. Encadenar capítulos, hacer scroll infinito o pasar horas en redes sociales “tapa las emociones, pero no las gestiona”. La alternativa es más sencilla (y más placentera) de lo que parece: “Cocinar, pintar, escribir, leer, hacer manualidades… La sensación de ocio activo ayuda mucho más a regular la ansiedad”.

Dormir, parar y no llenar la agenda por sistema

Por último, hay un básico que seguimos subestimando: el descanso. “Es fundamental para poder poner nuestros niveles de ansiedad a cero dormir lo suficiente, y tendemos a dormir muy poquito”, advierte Álava. “Nuestro cuerpo y mente también necesitan descansar, así que no hace falta que llenes tu agenda de eventos”.

El mensaje de Silvia es muy claro. Parar también es productivo. “Escucha a tu cuerpo y ten momentos de descanso y desconexión. Parece que vivimos en un momento en el que descansar se ha pasado de moda y en el que siempre tenemos que estar haciendo cosas. Nuestro cuerpo necesita descansar y no hace falta que llenes tu agenda”. Porque quizá la verdadera tendencia no sea estar siempre ocupados, sino aprender a vivir con un poco menos de prisa.