El sitio de Nacho Abad: así es la población en la que creció el presentador y criminólogo

Aunque vive en Madrid desde hace muchos años, nació en una provincia quizá poco conocida, pero que alberga monumentos destacadísimos de la época andalusí
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Se ha convertido, en pocos años, en uno de los rostros más mediáticos de Cuatro, gracias a programas como ‘En boca de todos’ y ‘Código 10’. Nacho Abad se formó como periodista en la Universidad Complutense de Madrid, momento a partir del cual fijó su residencia en la capital. Pero hasta entonces, nació y creció en otra provincia. Una provincia que es, quizá, una de las grandes desconocidas de nuestro país, pero que alberga verdaderos tesoros tanto paisajísticos como arquitectónicos.
Guadalajara, una ciudad con una identidad muy marcada
A menos de 70 kilómetros de Madrid se encuentra Guadalajara, ciudad perteneciente a la comunidad de Castilla-La Mancha. Eso sí: no llames manchego a un nacido en Guadalajara porque… no lo es. Aunque administrativamente pertenecen a la misma región que los conquenses, los toledanos o los albaceteños, los guadalajareños se consideran alcarreños o castellanos a secas, ya que su provincia es una suerte de transición entre la meseta y la Sierra Norte y no comparte características orográficas con el resto de la comunidad autónoma. Precisamente por eso, tanto su identidad como sus características son bastante distintas a la del resto de sus vecinos.

Guadalajara, como suele suceder en las ciudades, está construida en torno a un río. En su caso, es el Henares, perteneciente a la cuenca hidrográfica del Tajo (es afluente del Jarama, que lo es a su vez del Tajo). Dicho río se llamaba Wād al-Ḥajarah en la época árabe andalusí, y su castellanización dio nombre a la ciudad. ‘Wād’ significa río: de ahí los nombres de Guadalquivir o Guadiana. El Henares cuenta con riberas consideradas hábitat de protección especial, ya que es un corredor biológico para especies como la nutria, entre otros animales acuáticos. Además de las Riberas del Henares, existen en la zona otros parajes naturales vinculados al río que son un tesoro para quienes disfrutan de largos paseos al aire libre o practican el senderismo.

Y hablando del río: la construcción arquitectónica más antigua que se conserva de la ciudad es, precisamente, el puente del Henares, construido en el siglo X y uno de los pocos puentes andalusíes que se conservan en España actualmente.
Joyas arquitectónicas: del legado andalusí a su tesoro gótico-renacentista
Del asentamiento árabe, tan prolongado en la península, se conservan grandes edificios en Guadalajara. Además del puente, merece muchísimo la pena visitar el Alcázar Real. A pesar de haber sufrido daños considerables en distintas épocas, se conserva gran parte de su recinto amurallado y de su estructura interior, del siglo IX.

De la cultura mudéjar surgida cuando convivían en nuestra península judíos, musulmanes y cristianos, se conserva la concatedral o iglesia de Santa María: asentada sobre una antigua mezquita que se comenzó a construir en el siglo XIII, merece la pena visitarla. Salvando las distancias, guarda cierto parecido con la mezquita de Córdoba, ya que ambas fueron en origen templos musulmanes transformados en lugares de culto cristiano. El arco de herradura de la puerta principal es una seña de identidad de aquel primer uso de la hoy iglesia.

Otros edificios religiosos que hay que ver en la ciudad de Nacho Abad son la iglesia de San Gil, también de origen mudéjar; el santuario de la Antigua, de la misma época; la iglesia de Santiago, del siglo XIV, o la capilla de Luis Lucena, del XVI, entre otros muchos. Más reciente, pero igualmente espectacular, es el panteón de la duquesa de Sevillano, del siglo XIX.

Pero si hay una ‘joya de la corona’ en Guadalajara esa es el Palacio del Infantado. Construido en el siglo XV bajo el estilo gótico isabelino, se introdujeron en su reforma, un siglo después, numerosos elementos renacentistas. Sus paredes, cubiertas con puntas de diamante, así como su galería superior con balcones y torrecillas alternados y, una vez más, elementos mudéjares como los mocárabes (decoración de los techos imitando a las estalactitas), son característicos de este singular palacio que hay que ver al menos una vez en la vida.
