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Tocados, diademas y zapatos: quienes han entrado en protocolo en el funeral de Harald de Noruega y quienes no

Tocados, diademas y zapatos en el funeral de Harald de Noruega. Cordon Press
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Los grandes mandatarios y representantes de las casas reales de todo el mundo se han dado cita en la Catedral de Oslo con motivo del funeral de Estado del rey Harald V de Noruega, fallecido el pasado 22 de agosto a los 89 años. El solemne acto ha reunido a prácticamente todas las dinastías europeas para acompañar a la nueva Familia Real noruega en este último adiós, que se ha desarrollado bajo un despliegue de seguridad sin precedentes en la capital escandinava.

A las 12:00 horas, un cortejo fúnebre encabezado por una comitiva militar salía del Palacio Real de Oslo. Detrás del féretro avanzaban a pie el rey Haakon VIII, la princesa heredera Ingrid Alexandra, el príncipe Sverre Magnus y la princesa Marta Luisa, acompañados por diversos jefes de Estado y dignatarios internacionales. El recorrido trasladó los restos mortales del monarca hacia la Catedral, donde se ha celebrado un emotivo servicio litúrgico oficiado por la obispa de Oslo, Sunniva Gylver, y presidido por el obispo Olav Fykse Tveit.

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La Corona española ha estado representada por una amplia delegación compuesta por la reina Sofía y los reyes Felipe VI y Letizia. Don Felipe, padrino de bautismo de la princesa Ingrid de Noruega, cumplió estrictamente el protocolo militar luciendo el uniforme de gala de la Armada. Por su parte, la reina Letizia apostó por el riguroso luto que exige la tradición, sobrio y en tonos oscuros.

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Las normas no escritas del luto nórdico

Aunque en Noruega la etiqueta de la corte no resulta tan rígida ni encorsetada como en la monarquía británica, existen pautas de contención y decoro que marcan la pauta en las honras fúnebres. En lo que se refiere al vestuario femenino, la tradición indica el uso de color negro en materiales discretos como la lana o el crepé, evitando adornos excesivos.

En lo respectivo a la cabeza, el uso de sombrero, tocado o velo es una sugerencia protocolaria muy extendida entre las mujeres de la realeza para los servicios religiosos de funeral, aunque no sea obligatorio. Lo adecuado es acompañarlo de melenas recogidas o semirrecogidos bajos. En cuanto al calzado, la norma exige calzado cerrado, sobrio y de tono oscuro y aunque los tacones altos son habituales, la etiqueta actual permite bailarinas o calzado plano si el diseño mantiene la elegancia.

El funeral de Harald V ha dejado una lección de diplomacia estilística donde la tradición, las concesiones a la comodidad y los pequeños descuidos de protocolo han acaparado todas las miradas.

Cumpliendo el protocolo: elegancia, diademas y velos

Entre las asistentes que siguieron al pie de la letra estas recomendaciones destacó la princesa Ingrid Alexandra. La joven heredera demostró gran madurez estilística al decantarse por una gruesa diadema adornada con ‘birdcage veil’ (velo de red estilo jaula) y unas bailarinas de terciopelo de puntera afilada adornadas con una hebilla negra. Un calzado cómodo para la larga procesión a pie, pero perfecto según las normas no escritas.

Asimismo, optaron por las diademas y velos de luto la reina Máxima de los Países Bajos, Charlene de Mónaco y la propia reina Letizia.

Otras royals prefirieron tocados clásicos y sombreros estructurados, como la reina Silvia y las princesas Victoria y Magdalena de Suecia, así como la princesa Sofía de Liechtenstein, que se decantaron por sombreros tipo ‘pillbox’.

Por su parte, la princesa Sofía de Suecia escogió un sombrero de estilo cloche, de copa redondeada y ala estrecha caída. Por una línea más sobria, con sombreros de ala ancha y pamelas de luto, apostaron las reinas Matilde de Bélgica y Mary de Dinamarca, al igual que la reina consorte Mette-Marit.

Las licencias y errores protocolarios

A pesar del generalizado cumplimiento de la etiqueta, el funeral ha dejado algunas licencias y tropiezos estilísticos. La princesa Marta Luisa de Noruega, apesar de lucir una cuidada diadema con velo, un impecable recogido bajo y el tradicional collar de perlas, símbolo histórico de dolor y lágrimas en las casas reales, rompió con el protocolo al llevar unas altísimas botas de ante de caña alta, un calzado considerado demasiado informal y rompedor para el funeral de su propio padre.

También Rania de Jordania prefirió saltarse la costumbre no escrita de cubrir la cabeza en señal de duelo y acudió con la melena suelta en un semirrecogido sencillo con raya al medio, prescindiendo por completo de sombreros, tocados, diademas o velos.