Salud

El ideal de la "mujer fuerte y definida" es la nueva trampa estética, según la fisioterapeuta Bibiana Badenes

La experta durante una sesión de trabajo.. Cortesía de Bibiana Badenes
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“Durante años nos dijeron que no hiciéramos demasiado deporte para no ‘ponernos fuertes’. Hoy el mensaje es justo el contrario”. Con esta experiencia como punto de partida, Bibiana Badenes, fisioterapeuta, investigadora en movimiento somático y autora de del libro Inteligencia Corporal (Ed. RBA), reflexiona sobre cómo el cuerpo femenino sigue estando sometido a mandatos externos, aunque cambie su forma.

Durante décadas, el ideal corporal femenino estuvo ligado a la fragilidad: cuerpos suaves, discretos, poco musculados. Muchas mujeres crecieron escuchando que hacer demasiado deporte no era “femenino”. Hoy, sin embargo, el canon ha girado hacia el extremo opuesto.

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El músculo se ha convertido en un nuevo pasaporte social y la definición muscular en una supuesta prueba de salud, disciplina y éxito personal. Las redes sociales están llenas de cuerpos en tensión: glúteos apretados, abdómenes marcados, brazos definidos. “Antes el peligro era parecer demasiado fuerte; ahora lo es no parecerlo lo suficiente”, señala Badenes. El mandato cambia, pero el problema sigue y el cuerpo femenino continúa siendo modelado desde fuera.

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Sentir el propio cuerpo frente a la obsesión estética

Desde más de treinta años de experiencia clínica trabajando con movimiento consciente, terapia manual neuromiofascial, dolor crónico e inteligencia corporal, la fisioterapeuta advierte de que esta obsesión estética está alejando a muchas mujeres de lo esencial: la capacidad de sentir su propio cuerpo.

“La ciencia, la que se investiga y se publica, no la de los filtros, confirma lo que observo cada día en consulta. Estudios como el del investigador Robert Schleip muestran que la salud del tejido conectivo depende de la variabilidad y la capacidad de adaptación, no de la rigidez constante. La anatomista Carla Stecco ha demostrado cómo la fascia femenina responde a los cambios hormonales, alterando estabilidad y movilidad de forma cíclica. Y expertos como Peter Hodges o Diane Lee han evidenciado que la verdadera estabilidad corporal no se consigue contrayendo el abdomen para una imagen, sino coordinando diafragma, suelo pélvico y pelvis como un sistema integrado”, subraya.

Lo que esconden unos músculos marcados

En la práctica clínica, hay una contradicción: abdómenes visualmente perfectos que esconden respiraciones mínimas; glúteos muy musculados que conviven con pelvis rígidas; brazos definidos que compensan columnas colapsadas. “La paradoja contemporánea es brutal: el cuerpo femenino nunca ha sido tan visible y, sin embargo, tan poco sentido”, expone la experta. Esta desconexión interoceptiva, la pérdida de la capacidad de percibir el cuerpo desde dentro, se ha convertido en uno de los grandes problemas silenciosos del bienestar femenino. “Mujeres muy disciplinadas, muy marcadas estéticamente, pero profundamente tensas, fatigadas o doloridas”, apunta Badenes.

¿Y si el valor de nuestro cuerpo no está en el músculo visible?

Para la fisioterapeuta, la verdadera fuerza del cuerpo femenino no reside en el músculo que se ve. La capacidad de adaptarse, regular el sistema nervioso y sostener el movimiento a lo largo de la vida. “La fortaleza no está en la contracción constante, sino en la inteligencia somática del tejido conectivo”, explica. Lo preocupante, aclara, “no es mostrar músculo, sino creer que el valor corporal está ahí”.

Es decir, confundir tensión con salud, rigidez con fortaleza o un ideal externo con bienestar real. “El cuerpo femenino no está diseñado ni para la fragilidad que nos exigían antes ni para la dureza que nos imponen ahora. Está diseñado para moverse, respirar, variar, sentir y transformarse”, añade. Quizá, concluye, “la verdadera revolución no consista en enseñar músculo ni en ocultarlo, sino en recuperar el derecho a un cuerpo propio: un cuerpo vivo, libre y habitado. Un cuerpo que no es pose, sino experiencia.

¿Cómo trabajar el cuerpo de la mujer respetando su naturaleza?

El cuerpo de la mujer no es frágil, pero tampoco está diseñado para vivir en un estado de hipertrofia permanente ni de tensión estética constante. “Su verdadera fortaleza no se mide por lo que se ve, sino por cómo funciona. Por eso, entrenarlo con respeto implica abandonar tanto el antiguo modelo de debilidad como el actual mandato de dureza, y situar el foco en la calidad del movimiento, la regulación y la adaptación”, afirma Badenes.

Un cuerpo femenino en forma se construye desde la coordinación, no desde la acumulación de tensión. El trabajo debe priorizar patrones globales de movimiento —caminar, empujar, traccionar, rotar, cargar, equilibrar y levantarse del suelo— en lugar de aislar músculos con fines puramente estéticos. Este enfoque activa el sistema nervioso de manera integrada, mejora la eficiencia neuromuscular y genera una fuerza útil para la vida cotidiana, no solo para la imagen.

Las formas de trabajar el cuerpo femenino que propone Bibiana Badenes son varias: 

  • La respiración es un pilar central del entrenamiento: Un diafragma móvil y coordinado con el suelo pélvico es imprescindible para la estabilidad lumbar, la postura y la regulación del tono muscular. Cuando se entrena fuerza sin atender a la respiración, el resultado suele ser más rigidez que capacidad real.
  • Movimiento consciente y trabajo somático: Estas prácticas entrenan la percepción interna, la autorregulación y la calidad del gesto. Reducen la tensión basal, mejoran la introcepción y devuelven al cuerpo su capacidad de adaptarse, algo clave en mujeres con dolor, estrés o sobrecarga.
  • Entrenamiento de fuerza funcional: La mujer necesita fuerza, pero una fuerza integrada y adaptable. Trabajar con cargas sobre patrones globales protege la densidad ósea, mejora la estabilidad y previene lesiones sin rigidizar el cuerpo.
  • Danza y Tai Chi: El movimiento continuo y consciente desarrolla equilibrio, propiocepción y control postural, enseñando a generar fuerza sin exceso de tensión.
  • Trabajo en el suelo: Rodar, reptar, empujar y levantarse desde el suelo reactiva patrones neuromotores básicos, mejora la movilidad de la columna y la pelvis y reorganiza la relación con la gravedad. El suelo no debilita: educa.

Por último, la experta insiste en “respetar la naturaleza del cuerpo femenino implica respetar su ciclicidad hormonal. No todas las fases piden la misma intensidad ni el mismo tipo de trabajo. Alternar momentos de activación con fases de regulación y recuperación no es falta de disciplina, sino coherencia fisiológica”.