Bodas de famosos

Aciertos y errores de la boda de María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce

Tana Rivera y Lourdes Montes se hacen protagonistas en la primera boda de abolengo de este 2026 en Sevilla, dejando en segundo plano a los novios, María Eugenia González-Serna y Juan Molina Ponce.

Aciertos y errores de la boda. Fotomontaje con imágenes de Cordon Press

Periodista, analista de moda y autor del blog ‘Divin@s’.

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La Iglesia para el enlace, en el sevillano barrio de Santa Cruz. La finca para el convite, en Alcalá de Guadaíra. Entre los invitados, Tana Rivera, Fran Rivera y Lourdes Montes… Los novios, ella hija del compositor Rafa Serna, él futbolista. El fuste de su boda, al menos para los curiosos, estaba en los invitados populares de la sociedad sevillana. Así es la condición humana.

ACIERTOS

1. La novia. Por deferencia. Su vestido de Manolo Giraldo era un inusual secreto a voces. Pero no por eso dejó de tener su efecto sorpresa para los que la esperaban en la iglesia. Clásico, bordado, con escote barco y manga francesa. Que era correcto, sí. Que me fascinaba, pues no. Y lo de la tiara lo dejo para los errores.

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2. Lourdes Montes, tan fiel siempre a esos vestidos midi de invitada perfecta, nos da la sorpresa con su dos piezas de pantalón y cuerpo largo en lila y abrigo morado. Su estola de pelo degradada era lo más colocada en un solo cuello del abrigo. Su look de hoy con ese punto concreto de protagonismo en el cuello, me parecía divino. Y eso que no soy fan de los morados.

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3. Tana Rivera confió su vestido a Nicolás Montenegro. De falda de gasa fluida y cuerpo capa en terciopelo chocolate. Pelo retirado en una cola baja. Ella estaba guapa porque lo es a rabiar la tía.

4. La pareja bonita de esta boda, la de Rafa González y su chaqué gris y su mujer con vestido de terciopelo burgundy, tan divino en una boda de pleno invierno.

5. El vestido abrigo oriental de seda fucsia de la madre de la novia era estupendo riesgo.

ERRORES

1. Yo soy cero de tiaras salvo para las princesas, las que van a ser reinas digo, no las de los cuentos azucarados de Disney. Así que hoy la novia está en mis aciertos y también en mis errores. Pero que este escollo de auto coronarse no reste mérito a un vestido clásico correcto.

2. La madrina no calculó los volúmenes. No, no era un error garrafal nada de su atuendo pero todo junto como que me agotaba. No sé si era el exceso de cuello de pelo, que más que cuello o estola era casi un chaleco de caza, o el que fuese encima de un vestido ya generoso en el tamaño de sus flores. No me cansaré de decir que si una pieza resta importancia a la otra hasta engullirla, es que hemos fallado en la combinación. Y esto, más allá de los gustos personales, es un error.

3. Tampoco calculó los largos de su vestido y su abrigo Madgalena González-Serna, embarazadísima. Su vestido gris tenía un largo complejísimo para ser elegante. O le faltaba un palmo para ser un midi o le sobraban dos para ser un corto ceremonial. Y con el abrigo encima ya era letal. Mala elección.

He escuchado por lo bajini en algún corillo de malas lenguas que el print de Mercedes Moron era demasié. Yo soy poco fan de los print como protagonistas de un look y menos aún en las bodas. Pero hagamos juntos un ejercicio para matar la hipocresía. Si este look lo llevase Olivia Palermo a una boda internacional nos parecería la leche. Si lo llevase Sarah Jessica Parker a un enlace de cine en Manhattan nos pirraría. Y si se lo cascase una top en una boda de moda se nos antojaría como un sueño. Pues entonces ¿por qué no se lo vamos a ver con gusto a esta señora a pesar de todos los riesgos?

¡He dicho!