La ventana también importa en el Feng Shui: un simple error puede hacer que una habitación resulte menos acogedora
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Taparla con muebles, plantas u objetos no solo resta luz, también interrumpe la sensación de orden y amplitud
Hay habitaciones que están bien decoradas y, aun así, resultan algo apagadas o poco agradables. Y es que, a veces buscamos la explicación en el color de las paredes, la iluminación o la distribución, cuando el problema puede estar en un detalle mucho más sencillo: la ventana.
Para el Feng Shui, este elemento no es únicamente una fuente de luz, sino también uno de los puntos que conectan la casa con el exterior. Por eso, la forma en la que la tratamos puede cambiar cómo se siente una estancia.
Por ejemplo, colocar un mueble alto, una planta demasiado frondosa, varias cajas o incluso el respaldo del sofá delante de la ventana puede parecer una solución práctica para aprovechar el espacio. Sin embargo, es uno de esos gestos que hacen que una habitación pierda ligereza sin que sepamos muy bien por qué.
Las ventanas como punto energético
Según el Feng Shui, las ventanas ayudan a que el chi, es decir, la energía, circule por la casa. Si quedan bloqueadas o cuesta abrirlas, esa circulación se vuelve menos fluida. Dejando a un lado la parte más simbólica, el efecto también se entiende a simple vista ya que entra menos luz, se dificulta la ventilación y el espacio parece más pequeño y cargado.
No hace falta dejar toda la pared vacía. Basta con evitar los muebles que tapen buena parte del cristal o impidan abrir la hoja con comodidad. Un banco bajo, una consola ligera o una planta pequeña pueden funcionar si mantienen despejado el paso de la luz. La idea es que la ventana se pueda abrir sin mover nada y que la mirada llegue a ella de forma natural.
Cortinas sí, pero bien elegidas
Otro fallo frecuente es mantener las cortinas cerradas durante todo el día o escoger tejidos tan gruesos que la estancia queda permanentemente en penumbra. En el salón, donde buscamos una atmósfera activa y agradable, el Feng Shui recomienda aprovechar la luz natural y regularla según el momento.
En este caso, los visillos de lino, algodón o tejidos claros son una opción sencilla porque filtran la luz sin dejar el espacio completamente expuesto. Por la noche pueden combinarse con una cortina más tupida para ganar intimidad. No se trata de renunciar a unas cortinas bonitas (que además ayudan a vestir la habitación y aportan calidez), sino de evitar que se conviertan en una barrera.
En el dormitorio el planteamiento cambia ligeramente. Allí interesa crear una sensación más recogida que favorezca el descanso, por lo que se pueden utilizar tejidos con mayor densidad. Aun así, durante el día conviene abrirlos, ventilar y permitir que entre claridad.
Una ventana cuidada cambia toda la habitación
También importa lo que se acumula alrededor. Papeles en el alféizar, macetas secas, cristales sucios o una persiana atascada transmiten cierta dejadez y afectan a la imagen del conjunto. Solucionarlo no exige una gran inversión; gestos como limpiar el cristal, retirar lo que sobra y arreglar los mecanismos que no funcionan pueden hacer que la estancia parezca más ordenada casi al instante.
Después se puede añadir algún detalle que acompañe sin saturar como por ejemplo una planta proporcionada, una lámpara cercana o una cortina con una caída bonita. Lo importante es no perder de vista la función de la ventana: debe dejar pasar la luz, abrirse con facilidad y conectar el interior con el exterior. Como puedes ver, a veces conseguir que una habitación resulte más acogedora no depende de comprar nada nuevo. Puede bastar con apartar ese mueble que tapa media ventana, abrir las cortinas y dejar que la luz vuelva a entrar.