Salud mental

Zygmunt Bauman, filósofo, sobre la crisis de los 40 años: "Paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes"

Zygmunt Bauman, en una foto de archivo
Zygmunt Bauman, en una foto de archivo. Leonardo Cendamo/Getty
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Ya hemos hablado en alguna otra ocasión de Zygmunt Bauman, un filósofo polaco-británico fallecido en 2017 que escribió sobre la sociedad actual, a la que definió como modernidad líquida. Resumiéndolo mucho, ese concepto hacía referencia a lo poco sólido que es todo hoy si lo comparamos con la vida hace cien años, cuando el trabajo, la pareja, la familia que se conformaba o el patrimonio solían ser para siempre, mientras que ahora todo tiende a ser pasajero, todo es susceptible de cambiar, no hay un suelo firme sobre el que pisar. Bauman fue, sin duda, una de las voces que mejor supo entender nuestro tiempo; por eso acudimos a él con frecuencia para entender algunos fenómenos, como la crisis de la mediana edad o crisis de los 40. Este fenómeno conecta perfectamente con la idea de modernidad líquida que se reflejaba en muchos de sus escritos.

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“Lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos”

Bauman expresó en su obra conceptos asociados a esa modernidad líquida, como la necesidad de consumir para alcanzar un tipo de felicidad que, por el contrario, nos alejaba de otras formas de sentirnos bien, como por ejemplo meditar o estudiar. Y de sus diversos ensayos se extrae también una idea asociada a la crisis de los 40: la del miedo a sentirse anclado. Contaba en obras como ‘Modernidad líquida’, del año 2000, que una de las mayores preocupaciones, tanto colectivas como individuales, era la de evitar que las cosas se queden fijas de tal modo que no podamos cambiarlas en el futuro. Y ahí entra esa crisis de la mediana edad, que muchos hombres sufren al cumplir 40 años. “Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes”, explicaba el pensador. “Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar”.

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En línea con lo anterior, Zygmunt Bauman conectaba esta especie de angustia existencial de la mediana edad con la modernidad líquida: “Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida”. Este es, según el filósofo, el motivo por el que muchos hombres, a esa edad, se replantean todos los aspectos de su existencia. “Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre”, reflexionaba.

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Es decir, que vivimos unos tiempos en los que todo puede cambiar de un momento para otro y no solo en el trabajo, sino también en el amor. En cualquier aspecto de la vida. Bauman explicaba que esta especie de obligación de ser flexibles todas las horas del día y todos los días puede ser muy perjudicial. Ser flexible implica “que no estés comprometido con nada para siempre”, sino preparado para cambiar lo que sea cuando se necesite. “Esto crea una situación líquida”, decía. Y, aunque esa potencialidad del cambio puede invitar a pensar en una mayor libertad, lo cierto es que, según el ensayista, nos conduce a vivir en una especie de precariedad emocional, laboral, económica. Porque en esa situación líquida, cualquier mínimo movimiento nos puede cambiar por completo de forma, como sucede con el agua o cualquier otro fluido. Salvo las élites, un porcentaje mínimo de la población, “nadie puede sentirse hoy seguro”.