Salud

Verdades sobre el estrés, el cortisol y la capacidad del ejercicio para regularlo, según un entrenador: "Alerta permanente"

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Rubén Jiménez, personal trainer, nos habla del estrés, el cortisol y el fitness. Web Rubén Jiménez
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MadridVivimos acelerados, con la agenda llena y la mente en modo alerta permanente. El problema es que el cuerpo no distingue entre una amenaza real y una jornada interminable frente al ordenador. Cuando el estrés se alarga en el tiempo, entra en juego una hormona que puede pasarnos factura, el cortisol. En niveles elevados y sostenidos, se asocia a fatiga constante, alteraciones del sueño, problemas de concentración, mayor tensión muscular e incluso un sistema inmune más debilitado.

La ciencia lleva tiempo analizando esta relación. Así lo vemos en multitud de estudios y artículos, como el publicado en ‘The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism’ donde señalan que la actividad física regular ayuda a modular la secreción de cortisol y a mejorar la capacidad del organismo para adaptarse al estrés prolongado.

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El estrés laboral, el gran responsable

“El estrés es una respuesta natural del organismo ante situaciones exigentes”, explica el entrenador personal Rubén Jiménez. El problema aparece cuando esa respuesta se mantiene activa durante semanas o meses. “En muchos trabajos de oficina se combinan presión constante, multitarea, sedentarismo y muy poca desconexión real. El cuerpo vive en un estado de alerta permanente”.

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Esa activación sostenida suele traducirse en síntomas muy comunes como el cansancio mental, irritabilidad, dificultad para concentrarse, dolores musculares y un descanso poco reparador. “No es solo una sensación de estar cansado, es un desajuste fisiológico”, apunta.

Cortisol, la hormona que marca el ritmo del estrés

Pero, ¿cuál es el responsable de que nos sintamos así? La respuesta la encontramos en el cortisol, la principal hormona implicada en los momentos de estrés. “En cantidades normales es necesaria, nos ayuda a movilizar energía y a reaccionar”, explica Jiménez. “El problema es cuando se mantiene elevada durante largos periodos”. Ese exceso prolongado se relaciona con mayor fatiga, peor recuperación física y mental, aumento de la tensión muscular y una sensación constante de estar al límite, incluso en momentos de descanso.

El ejercicio, nuestro gran aliado

Aquí es donde el ejercicio deja de ser solo una cuestión estética. “El ejercicio físico actúa directamente sobre el sistema nervioso y hormonal”, señala el entrenador. Practicado con regularidad, ayuda a reducir los niveles basales de cortisol, mejora la respuesta del cuerpo ante situaciones estresantes y favorece la liberación de endorfinas. Además, tiene un impacto directo en la calidad del sueño y en la reducción de la tensión acumulada tras muchas horas sentados. “No se trata de entrenar más, sino de entrenar mejor y con constancia”, matiza.

Jiménez explica que cuando el ejercicio se integra de forma habitual en la rutina semanal, los beneficios se notan especialmente en trabajos sedentarios. “Mejor concentración, más claridad mental, mejor estado de ánimo y más energía durante la jornada”, enumera. A esto se suma una mayor capacidad para desconectar fuera del trabajo y una menor sensación de saturación diaria.

Así que, ya sabes. El estrés no es solo una cuestión mental, tiene una base fisiológica clara, y el cortisol es uno de sus grandes protagonistas. Cuando esta hormona se mantiene elevada, acaba pasando factura. El ejercicio físico, bien planificado y adaptado al día a día, es una de las herramientas más eficaces para regular el estrés y cuidar la salud a largo plazo. Y es que, tal y como señala el experto, “no podemos eliminar el estrés de nuestra vida, pero sí enseñar al cuerpo a gestionarlo mejor”. Y para eso, moverse marca la diferencia.