Psicología

El fenómeno ‘summer fling’: por qué nos enamoramos más (y peor) en verano

Una pareja en la playa. Pexels
Compartir

Casi todo el mundo ha experimentado algún amor de verano, tan explosivo, como rápido. Algo que ya cantaban Olivia Newton-John y John Travolta en la película Grease. Son tan populares que casi se podría hacer una categoría propia en la ficción, con series como 'El verano en que me enamoré', o 'Un cuento perfecto', ambas basadas en populares novelas. Incluso las aplicación de citas confirman que los picos de actividad ocurren en julio y agosto.

El verano nos enamora porque es una trampa perfecta para el corazón. Tras meses de rutina y seriedad, nos quitamos la ropa formal para divertirnos y, claro, sin coraza y con traje de baño nos volvemos más vulnerables al flechazo. En el argot anglosajón llaman 'summer fling' al vínculo que nace en la playa o una terraza, ese que nos hace flotar durante semanas y se apaga cuando llega septiembre. El ligue de verano de siempre.

PUEDE INTERESARTE

“El summer fling es el ‘rollo de verano’ de toda la vida, pero con nombre en inglés”, apunta Ana Sierra, psicóloga y terapeuta de pareja. La sexóloga precisa que aunque “el verano no crea sentimientos de la nada, sí que baja nuestras defensas. Quizás porque tenemos más tiempo, más piel visible, más ocio, más novedad y mostramos menos nuestra máscara o personaje social”. Aparte de eso, precisa que “a veces no nos enamoramos solo de otra persona, sino de la versión de nosotros mismos que aparece en verano, que se siente más libre, más espontánea y más disponible para sentir”.

Por qué nos enamoramos tanto en verano

Para entender por qué enganchan tanto estos amores casi siempre fugaces, hay que analizar el escenario psicológico y neuroquímico en el que germinan. En verano salimos de lo cotidiano, bajan los niveles de estrés y aumenta el ocio, el contacto físico y la disponibilidad emocional. Nuestro cerebro interpreta esta ligereza liberando más dopamina, el neurotransmisor ligado al deseo, la motivación y la curiosidad. Por eso, la novedad actúa como un catalizador que intensifica contacto con la persona que te gusta.

PUEDE INTERESARTE

Aunque podemos encontrar la experiencia altamente gratificante, esta también suele ser muy volátil. Como subraya Eva Moreno, sexóloga de Gleeden, la plataforma de encuentros no monógamos, “cuando cambia el contexto, también lo hace nuestra forma de relacionarnos”. Además, la fundadora de Tapersex recuerda que en vacaciones nos solemos sentir “más vivos, más espontáneos, más atractivos y con más ganas de experimentar”. Y recuerda que “esa versión de nosotros mismos más libre, más ligera, más valiente nos encanta. Y asociamos ese bienestar a quien tenemos delante”. O sea, a nuestro amor de verano.

Amores adictivos

Eva Moreno señala el componente adictivo de estos lazos. “Los rollos de verano tienen los tres ingredientes que más estimulan nuestro cerebro, novedad, incertidumbre e intensidad. Es un auténtico cóctel de dopamina. Pero la intensidad no significa compatibilidad y la rutina los pone a prueba”, recalca. Por eso, el verdadero examen de un romance de verano empieza en septiembre. “El verano enamora y la rutina selecciona”, afirma Moreno.

A esto se le suma el mecanismo de idealización que activa la mente cuando carece de información objetiva, proyectar los deseos y expectativas propios. “El cerebro hace lo que sabe hacer muy bien. Si hay incertidumbre, completa huecos con su fantasía o deseos. A veces, no nos enamoramos de quién es alguien, sino de quién imaginamos que podría llegar a ser”, aclara Sierra. La sexóloga advierte que “un flechazo puede ser precioso, pero no es una prueba de amor. Es solo una señal de activación, que no ofrece una garantía de futuro y que no debería ser una decisión”.

¿Tomamos peores decisiones en vacaciones?

A la hora de valorar la intensidad real de estos romances, conviene tener en cuenta que concentran factores de alta carga emocional como la incertidumbre, la disponibilidad temporal y una fecha de caducidad implícita. Y saber que el tiempo es limitado, los transforma en algo urgente y valioso. Sin embargo, confundirlo con compatibilidad real puede ser el primer paso hacia una mala decisión sentimental.

El riesgo de tomar decisiones precipitadas surge cuando confundimos el bienestar del contexto vacacional con las cualidades individuales de la otra persona. En vacaciones conocemos a la gente descansada, bronceada, relajada y con ganas de agradar. Este entorno libre de responsabilidades impide evaluar cómo gestionan la frustración, el cansancio laboral o los conflictos cotidianos, por ejemplo. Y cuando estos lleguen, pueden causar sorpresa.

“Aparece un sesgo muy curioso, en el cual confundimos el contexto con la persona”, señala Ana Sierra. Así, señala, “podemos creer que nos estamos enamorando de alguien, cuando en parte nos estamos enamorando de la experiencia que estamos viviendo con esa persona. Por eso una pregunta a hacerse, según recomienda la psicóloga, sería ¿echo de menos a esa persona, o quién era yo y cómo me sentía en ese verano?".

Quiénes son más vulnerables

Las expertas advierten que hay ciertos perfiles, o momentos vitales, con mayor vulnerabilidad a engancharse a estas dinámicas. Las personas con apegos inseguros, miedo al abandono, alta necesidad de validación o que atraviesan procesos de duelo o soledad tienden a aferrarse con mayor rapidez a la ilusión estival para cubrir carencias emocionales. “Incluso aspectos neurodivergentes, como un cerebro con TDAH, muestran mayor inclinación a buscar el chute dopaminérgico del enamoramiento rápido”, señala Ana Sierra.

Para detectar si estamos tomando una decisión errónea impulsada por la fantasía y la necesidad de validación, Eva Moreno sugiere que “antes de preguntar qué quiere la otra persona, pregúntate qué necesidad está cubriendo esa persona en ti. Si necesitas sentirte querida, validada, acompañada, o volver a ilusionarte”. Responder con honestidad a esa pregunta ayuda a disfrutar de la relación desde la realidad y no desde la fantasía. Porque a veces el enamoramiento cubre una necesidad. “Por eso, cuanto mejor te conoces, menos probabilidad hay de confundir una ilusión de verano con un proyecto de vida”, advierte la sexóloga.

Claves para que el romance dure

El fin de la temporada estival actúa como un filtro natural. La llegada de septiembre trae consigo la vuelta a la vida real y, muchas veces, a la distancia geográfica. Esto suele desmantelar la escenografía que sostuvo el romance. “Septiembre hace las preguntas que el verano no plantea. Y ahí empezamos a descubrir si la relación funciona, porque quien las pone a prueba, de verdad, es la rutina”, apunta Ana Sierra.

Aunque también hay parejas muy largas y duraderas se conocieron en vacaciones. Si tras el regreso a la normalidad la fascinación mutua se mantiene y existe un deseo real de construir un vínculo duradero. Para transformar la química en un proyecto sólido, Sierra aconseja diversificar los escenarios de interacción. “Lo primero es no intentar conservar eternamente la intensidad del verano. Ninguna relación puede vivir todo el tiempo en modo vacaciones ni en modo enamoramiento. Conviene darse tiempo para conocerse en distintos escenarios: con cansancio y ojeras, con horarios incompatibles, con desacuerdos, con distancia y vida cotidiana. Ahí aparece mucha más información que en cualquier noche perfecta». Desde la perspectiva del Mindfulsex®, la especialista añade una reflexión clave: "Hay una pregunta que te podrías hacer: si hubiera conocido a esta persona un martes cualquiera de noviembre, en medio de mi rutina, ¿también querría construir algo con ella? Si la respuesta sigue siendo sí, quizá no fue solo el verano".

Por su parte, Eva Moreno insiste en sustituir la inercia del flechazo por el compromiso explícito: "Lo primero es volver a conocerse en la vida cotidiana, fuera de las vacaciones. Hablar de expectativas, de proyectos, de cómo es cada uno cuando vuelve la rutina. La química del enamoramiento se pasa; las relaciones de verdad son una elección. Necesitan de conversaciones, decisiones, implicación y responsabilidad. Un amor de verano puede convertirse en una gran historia, pero no por arte de magia, sino porque ambos deciden seguir escribiéndola".

Con todo, las expertas recuerdan que no todos los vínculos deben aspirar a la permanencia para ser valiosos. Un summer fling puede ser plenamente satisfactorio si se acepta su naturaleza fugaz y se disfruta en el presente sin forzar la realidad. Como concluye Eva Moreno: "Las historias de verano están hechas para el verano, por eso son amores de verano. Mi recomendación es disfrutarla como si no hubiese un mañana, y cuando llegue el mañana, ya se verá. Pero nadie te quitará lo bailado".