Sale a la luz la verdad sobre la herencia de Irene de Grecia: "Ha muerto prácticamente sin nada"

Luis Pliego ha contado en 'El tiempo justo' la verdad sobre la herencia de Irene de Grecia tras salir a la luz que la mayor heredera es Irene Urgandarin
La decisión de Irene de Grecia sobre su herencia: Leonor y Sofía, apartadas y una beneficiaria inesperada
Tras el fallecimiento de Irene de Grecia, la atención no se ha centrado solo en el valor económico de su herencia, sino en el sentido que ella quiso darle. Sin descendencia directa, sus herederos naturales se encontraban en su entorno familiar más cercano: su hermana, la reina Sofía; sus sobrinos; y los hijos de estos. En este marco aparecen nombres como Irene Urdangarin, Juan, Pablo y Miguel Urdangarin, así como las hijas de los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Sin embargo, el reparto no siguió una lógica institucional ni jerárquica, sino personal. Lo que se ha conocido en los últimos días apunta a que la herencia de Irene no fue una cuestión de acumulación de bienes, sino de decisiones tomadas en función de los vínculos construidos a lo largo de su vida y de la forma en la que entendía la responsabilidad sobre el dinero y la familia.

Irene de Grecia pasó gran parte de su vida en España, vinculada a la Casa Real, y compartió residencia con su hermana en el Palacio de la Zarzuela. Desde allí desarrolló una existencia alejada de la actividad pública, centrada en labores de apoyo, en causas humanitarias y en relaciones personales muy concretas. Este modo de vida explica por qué, al hablar de su herencia, resulta necesario distinguir entre el patrimonio material y el valor simbólico de sus decisiones.
Luis Pliego revela al verdad sobre la herencia de Irene
En el programa 'El tiempo justo', Luis Pliego ha aportado una explicación clave para entender la realidad patrimonial de Irene de Grecia. Según relata, el origen de sus bienes se encuentra en la compensación recibida por la familia real griega tras la pérdida de sus propiedades. “Se revisó por parte de la Familia Real en el exilio una reclamación y finalmente se les dio unos palacios que después Constantino entregó a cambio de un dinero”, explicaba.
Ese reparto no fue equitativo entre los hermanos. “Fueron 16 millones de euros para Constantino, el hermano de Irene, pero a Irene le quedaron solamente 900.000 euros”, señala Pliego. A partir de ahí, su conducta fue coherente con la forma en que había vivido: “¿Qué hizo Irene de Grecia en ese momento con ese dinero? Montó una ONG”.

El periodista ha añadido una referencia a la información recogida por Pilar Eyre: “Esto lo contó Pilar Eyre en su libro, que con estos 900.000 euros compró vacas que mandó a la India para alimentar a la gente”. Sin embargo, la operación no tuvo el resultado esperado: “Esas vacas cuando llegan a la India, allí es un animal sagrado y no se las pudieron comer”.
Pliego concluye con una afirmación que resume la situación económica real de la princesa: “Es decir, Irene de Grecia la hemos mantenido entre todos con el presupuesto de la Casa Real. Por lo tanto, ha muerto prácticamente sin nada material”. Esta frase sitúa el debate en un punto distinto al habitual: no se trata de una gran herencia, sino de un legado reducido en lo económico y significativo en lo personal.
¿Por qué apartó a Leonor y Sofía y priorizó a Irene Urdangarin?
La decisión de dejar fuera a la princesa Leonor y a la infanta Sofía y favorecer a Irene Urdangarin no responde a un conflicto familiar ni a una ruptura. Según las informaciones publicadas, se trata de una elección basada en vínculos afectivos y en la relación cotidiana que Irene mantuvo con determinados miembros de la familia.
Leonor y Sofía representan la continuidad institucional de la Corona y cuentan con una protección económica y jurídica ligada a su posición. Irene de Grecia era consciente de esa realidad y, por tanto, no vio necesario incluirlas en un reparto que, además, era limitado. En cambio, con los hijos de la infanta Cristina existía una relación más directa y prolongada, marcada por la convivencia, el trato personal y la presencia constante en su vida.
Irene Urdangarin, su ahijada y quien lleva su nombre, simboliza ese vínculo. No se trata solo de un gesto económico, sino de un reconocimiento a una relación construida fuera del protocolo. El hecho de que Irene Urdangarin participara en el funeral portando uno de los cojines con las condecoraciones refuerza esa conexión.
