Fitness

El boom de los estudios boutique para barré o pilates reformer: "Entrenar en un grupo pequeño es más caro pero deja de ser obligación"

Centros boutique: Casa Barré y su manager Inés Morán y Alegra Ellman, cofundadora de MYND Pilates Movement Studio. Collage de Divinity
Compartir

"Piluca, no te adelantes", me espeta Inés Morán, manager de Casa Barré cuando, en uno de los ejercicios, voy descompasada. Hacer ejercico en un entorno seguro es clave para muchas mujeres que no se quieren sentir juzgadas ni ser un número más. En los estudios boutique las entrenadoras se saben tu nombre, se fijan en cada uno de tus movimientos y, si un día estás cansada o has pasado un mal día, rápido te lo detectan. El trato es más personalizado. Hasta hace no tanto, apuntarse al gimnasio significaba pagar una cuota mensual, enfrentarse a una sala llena de máquinas sola ante el peligro y organizarse el entrenamiento por cuenta propia. Ahora preferimos reservar una clase, llegar a una hora concreta y que una profesora nos diga qué hacer, corrija nuestra postura y adapte el ejercicio cuando lo necesitamos.

Ese acompañamiento explica buena parte del éxito de los estudios boutique. Pilates Reformer, barré y otras disciplinas en grupos pequeños cuestan más que un gimnasio convencional y, aun así, sus clases se llenan. No se paga únicamente por hacer ejercicio. También por aprovechar mejor el tiempo, entrenar con seguridad, desconectar durante una hora, tener acceso a un buen secador premium en las duchas, productos de higiene de alta y formar parte de un grupo.

PUEDE INTERESARTE

Pagar más para dejar de ser un número

"En realidad no estás pagando solo una clase, sino atención. Y hoy la atención es uno de los bienes más valiosos que existen" explica Alegra Ellman, cofundadora de MYND Pilates Movement Studio.

Cuando hay pocas personas, el entrenador puede conocer las limitaciones de cada alumno, corregir un movimiento y seguir su evolución. "Cada cuerpo es diferente, funciona de una manera distinta y tiene necesidades específicas", recuerda Ellman. Esa personalización permite que el entrenamiento sea "más profundo, más seguro y mucho más efectivo".

PUEDE INTERESARTE

También ha cambiado lo que esperamos conseguir. "Antes entrenábamos para quemar calorías o adelgazar; hoy buscamos sentirnos mejor, cuidar nuestra salud, prevenir lesiones, gestionar el estrés y dedicarnos tiempo de calidad", afirma la cofundadora de MYND Pilates Movement Studio. A estos centros ya no llegan solo personas muy vinculadas al fitness, sino también madres que quieren recuperar la conexión con su cuerpo, profesionales sometidos a mucho estrés o alumnos que desean ganar fuerza y movilidad.

Un entrenamiento que parece suave hasta que lo pruebas

Casa Barré fue uno de los primeros estudios que apostó por el barré en Madrid. Su manager, Inés Morán, explica a Divinity.es que detectaron un hueco entre los entrenamientos de alta intensidad, "a menudo agresivos para las articulaciones o mentalmente agotadores", y otras disciplinas más pausadas que no siempre proporcionaban esa sensación de trabajo muscular profundo.

Desde fuera, los pequeños pulsos, los talones elevados o los movimientos en la barra pueden parecer sencillos. Quien ha probado una clase sabe que no lo son. "Diseñamos las secuencias para mantener el músculo contraído durante periodos prolongados. Cuando añades movimientos milimétricos y muchas repeticiones, llega a su límite y aparece el famoso temblor", cuenta Morán.

Es un ejercicio de bajo impacto, pero muy exigente. En barré se trabaja fuerza, resistencia, movilidad, coordinación y concentración. La música tampoco está simplemente para ambientar: marca la intensidad y ayuda a continuar cuando el músculo empieza a quemar. "El barré toma lo mejor del yoga, el pilates y el entrenamiento funcional y le añade el ritmo y la fluidez", señala la experta.

Entrenar y olvidarse del móvil durante una hora

Otro de sus grandes atractivos es la desconexión. "Como los movimientos requieren tanta concentración y precisión, no puedes estar pensando en los correos del trabajo mientras haces la clase. Estás obligada a estar presente", explica Morán. Muchas alumnas llegan buscando tonificar o mejorar la postura y terminan quedándose por esa pausa mental y por la comunidad.

El espacio también importa. La iluminación, el olor, la música y hasta la forma de recibir a cada persona ayudan a convertir la clase en uno de los mejores momentos del día. "Nuestras profesoras no solo dictan ejercicios: guían una experiencia, corrigen con cariño y te empujan a dar tu máximo", añade la manager de Casa Barré.

Alegra Ellman coincide en que el entorno y el grupo favorecen la constancia: "Entrenar deja de ser una obligación y se convierte en un momento que esperas con ganas". Quizá el verdadero lujo del fitness boutique no sea la decoración ni la máquina de moda, sino entrar en un lugar donde saben tu nombre, conocen tu cuerpo y se dan cuenta si ese día necesitas bajar (o subir) un poco la intensidad.